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Tercera visita a Quebec

Es un hecho mundialmente reconocido que todo… no, perdón, eso era Jane Austen. Decía que es un hecho reconocido, si bien no por todos, sí por muchos de mis amigos, que la primera vez que visité Quebec me decepcionó bastante. Por su aspecto de decorado barato, sus ademanes europeos rebuscados y su exceso de turistas, me pareció una ciudad que se mantiene por y para el público. No vi nada auténtico en Quebec.

La segunda vez que visité la ciudad, era otoño. Una vez que hubieron desaparecido los extranjeros con pantalones cortos y viseras (al menos, los pantalones cortos y las viseras desaparecieron), la ciudad tuvo un aura más acogedora y real, quizá porque la lluvia le daba credibilidad al toque afrancesado del casco histórico.

La tercera vez que estuve en Quebec, conocí un concepto de moda que nunca hubiera concebido, consistente en llevar todas las prendas que siguen a continuación:

– medias

– calcetines por encima de las rodillas

– leggins térmicos

– calcetines

– leggins gruesos

– otro par de calcetines

– botas de nieve

– camiseta térmica de tirantes

– camiseta de manga larga

– camiseta de manga corta

– jersey de algodón

– jersey de lana

– abrigo de esquí

– gorro de nieve

– bufanda

– guantes de lana

– guantes de nieve

– pantalones vaqueros

no creo necesario especificar que esta ropa resultó insuficiente en los momentos de viento y humedad, y que, si bien se puede salir a la calle con ropa “normal”, permanecer en ella durante horas no es recomendable salvo con prendas apropiadas (pantalones de nieve impermeables y muy calentitos).

Además de rebasar los límites de mi imaginación con el peor frío de este invierno (espero no tener que vivir un frío así en Toronto), descubrí que Quebec bajo la nieve cobra un nuevo encanto y que sus habitantes atestan el centro con su propia presencia en lugar de dejárselo a los turistas. El carnaval en Quebec es un festival de nieve y hielo, lleno de actividades que mi mente mediterránea no puede más que admirar boquiabierta (ya, ¿cómo puede una mente tener la boca abierta? Solo en Canadá…). Ejemplos de estas actividades son concursos de escultura sobre hielo, un castillo de hielo, una discoteca en la nieve junto al castillo de hielo, carreras de trineos tirados por preciosos border collies, jacuzzis en la nieve, toboganes de trineo, bancos de hielo, y cómo no, mil puestos donde uno puede tomarse una tire d’érable (sirope de arce fundido y después vertido sobre hielo para enroscarlo en un palo).

Para rematar la visita, fuimos por insistencia de Marina a ver unas cataratas que hay cerca de Quebec. Ninguno teníamos especial interés y creo que, de haber sabido que íbamos justos de tiempo, habríamos preferido coger el ferry a Levis, que cruza al otro lado del río y ofrece una vista privilegiada de Quebec. Por suerte escuchamos a Marina y, a pesar de tener que cambiar de autobús en medio de la nada y de casi morir congelados al esperar durante 15 minutos a la intemperie, llegamos a las cataratas en el momento más bonito del atardecer. Las cataratas estaban parcialmente congeladas y la nieve, el hielo y el agua se mezclaban. Fuimos corriendo por la nieve virgen (yo me hundí hasta media pierna una vez, suerte que llevamos botas) y lo cierto es que las cataratas entran ahora en mi lista de los diez paisajes más bonitos que he visto.

Acampada en el salón

Todos abrigados hasta las cejas

Ambiente invierno y esculturas de hielo

El paseo nevado

Pequeña excursión hacia las cataratas

Les chutes!

Les chutes!

Inicio de las cataratas

Vista desde la parte superior de las cataratas

Pequeño muñeco de nieve

Haciendo ángeles en la nieve

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Título rimbombante para un post de lo más sencillo. De nuestro plan semanal, grosso modo, habremos cumplido el 50%. Antes de que alguien se sonría pensando “casi!”, tened en cuenta que el plan semanal está pensado para semanas en las que no haya nada fuera de nuestro control: es decir, semanas en las que no haya viajes. Estas semanas tienden a ser una minoría en nuestra vida de estudiantes de intercambio, así que, aceptemos que viernes, sábado, domingo y lunes son una excepción por defecto.

Un segundo, ¿has dicho de viernes a lunes? Eso son cuatro días, más de la mitad de la semana… pues sí, así es la vida. Los horarios canadienses pueden llegar a ser más extraños que los de la UAM y solo tenemos clase de martes a jueves. Esto no significa que el menú semanal ni el planning sean una pérdida de tiempo, ya que aun cuando viajamos intentamos atenernos a él. De hecho, tener el horario nos sirve para ver por adelantado qué actividades tendremos que encajar en días anteriores al que les correspondería normalmente: por ejemplo, haciendo la lavadora el miércoles por la noche en lugar de el viernes por la mañana, o viendo dos capítulos de Expediente X un domingo si al siguiente no vamos a estar en casa.

Es cierto que la semana pasada no fuimos a patinar a la plaza del ayuntamiento porque había que estudiar, y que yo no pude asistir a mi clase de natación por problemas logísticos, y que tenemos dos episodios de Life On Mars y uno de Buffy pendientes. También es cierto que hemos conseguido comer un poco mejor y que no necesitamos plantearnos qué comida preparar porque ya sabemos lo que toca, y ya nos hemos ocupado de que la comida necesaria esté en la cocina.

Así que, amigos y amigas, sigo pensando que es un éxito. Es más, pienso que las auténticas ventajas están por llegar 🙂

El segundo semestre

Cuando se empieza el segundo semestre de un año de intercambio, es inevitable sentarse a hacer un análisis del tiempo que ha pasado y… básicamente, alegrarse de tener otros cuatro meses (cuando digo semestre, quiero decir cuatrimestre xD) por delante.

Durante el semestre (o cuatrimestre, o trimestre, como sea) de otoño hice unos cuantos viajes, fui a unos cuantos conciertos y sobreviví a la vida de estudiante casi independiente en una residencia. Ahora es el momento de asegurarme de que en los próximos meses aprovecho el tiempo todavía mejor y viajo más, gasto menos, como mejor, tengo una vida social más allá de mis amigos españoles y paso por los exámenes con un poquito más de motivación y dignidad.

¿El problema? Que un año parece mucho tiempo. Es fácil caer en la rutina del “podemos ir cualquier otro finde” o enredarse en horas y horas de procrastinación sin fin. En mi caso, juntarme con personas cuya tendencia a procrastinar iguala o supera a la mía (como Pablo) es muy peligroso, y así se nos pueden pasar dos semanas sin hacer la colada, o mañanas enteras sin hacer deberes, o fines de semana sin visitar las zonas que no conocemos de Toronto.

Ahora la solución, o el principio de esta: un horario semanal. Hemos invertido una noche entera en concebirlo, así que más nos vale ajustarnos a él lo más posible.  El horario es una planificación de las comidas y cenas de la semana (lo cual nos facilita la compra bastante) y de los momentos en los que hacemos actividades juntos, como ir a patinar sobre hielo a la pista del ayuntamiento o ver series en la televisión (las tenemos en DVD pero hemos optado por el modo tradicional de ver un capítulo semanal de cada una). También entra en mi horario estudiar en la biblioteca los lunes por la mañana, antes de asistir a mi clase de natación para nulos, y pasarme por el gimnasio del pabellón de estudiantes para asistir a una clase de puertas abiertas de estiramientos.

Ya veremos hasta qué punto hemos sido realistas.

Para la mayor parte de los canadienses con los que he hablado del tema (a excepción de los francófobos, que algunos hay) Quebec es la ciudad más bonita de Canadá. Si les preguntas, te hablarán de su aire europeo, francés, tan mono y tan cuidado.

La primera vez que fui a Quebec, me decepcionó mucho. El casco antiguo (si es que a algo se le puede llamar antiguo en Canadá) me pareció una pantomima, una turistada hortera llena de boutiques con souvenirs exagerados, carritos tirados por caballos que no son más que un sacadineros descarado, y banderitas de colorines pasteles irritantes. Los supuestos edificios auténticamente franceses no son más que tiendas y restaurantes intentando reclamar al visitante, y todo se convierte en un decorado gigante de “vamos a recrear la Francia del siglo XX -o el que sea- en pleno Quebec”. Es falso, forzado, superficial y en definitva, absurdo.

La segunda vez que fui a Quebec no era temporada de turismo. Esto es un dato relevante porque Quebec se transforma por completo, y las calles que en verano parecían un mercadillo navideño pasan a ser calles de empedrado con recovecos y calles empinadas, con terracitas y con tejados de colores que ya sí me parecen un pueblecito europeo. Sigue siendo un tanto ridículo tener un pueblecito europeo en pleno Quebec pero al menos esta vez ya no está convertido en una trampa para turistas.

Quebec es una ciudad para ver en Invierno. Salirse de las calles más turísticas siempre es obligatorio, pero también es altamente recomendable evitar las épocas de turistas, porque durante esos meses la ciudad se vende al mejor postor y el barullo es… irritante no, lo siguiente. En fin, la cuestión es que en invierno, sin tener que soportar todo el solazo de verano, y con tal de ir bien abrigado, Quebec tiene un centro prácticamente vacío, en el que se respira por fin el aire europeo que tanto anhelan los pobres canadienses y que buscan en una tienda de souvenirs horrendos.

Me encantaron, especialmente, todo lo que fueran puentes, cuestas empinadísimas, escaleras para bajar al nivel del río y callejuelas de menos de un metro de ancho. Y los murales y trampantojos, por supuesto. También descubrí que un autobús eléctrico gratuito te lleva por un recorrido por todo el centro (utilísimo para saltarte los desniveles brutales que hay) y que se puede patinar sobre hielo gratis, aunque esto en Canadá no tiene tampoco nada de especial.

La cuestión es que mi opinión de Quebec ha mejorado mucho. Eso sí, no tengo intención de volver allí en verano nunca. xD.

Vieux Quebec

vieux Quebec

Mural

Compras y segunda mano

Me avergüenzo de mi consumismo pero en mi defensa he de decir que apenas he gastado dinero en todo esto, gracias a las ofertas, descuentos y tiendas de segunda mano:

Discos:

Escapology de Robbie Williams (su mejor disco, que presté a alguien hace mil años y nunca recuperé)

Feels Like Home de Norah Jones (Norah Jones era un asunto pendiente)

Swing When You’re Winning de Robbie Williams (Robbie Williams acercándose al  Swing, tenía que conocer esa faceta por narices)

Hot Fuss de The Killers (pensé que me gustaría más de lo que me gusta después de escucharlo varias veces)

Siren Song of The Counter Culture de Rise Against (por fin!)

Dead Hearts de Blackhole (pero el portátil de Pablo no lo reproduce U_U )

The Terror State de Anti-Flag (me costó decidirme entre este y The People or The Gun, que estaban al mismo precio… y elegí este porque tenía más pistas xD)

Start Something de Lost Prophets (apenas lo he escuchado todavía)

Libros:

What Am I Doing Here de Bruce Chatwin (literatura de viajes, tengo por ahí un par de citas suyas y me gustan mucho, así que lo mismo me gustan sus obras)

The Wars de Timothy Findley (estaba en mi lista de obras de autores canadienses que me pueden interesar)

– Disgrace de J.M. coetzee (en mi Wishlist de Amazon desde hace meses como autor destacado de Ciudad el Cabo)

Heart of Drakness de Joseph Conrad (también conocía muchas referencias a Conrad en literatura sobre África, así que quiero darle una oportunidad)

The Best Poems of the English Language: from Chaucer Through Robert Frost, una recopilación de Harold Bloom  (por 4 euros era una tentación, aunque falten los poetas del siglo XX y Harold Bloom sea un facha pedante)

Otros

1 DVD: The Outsiders (no la he visto nunca)

1 Ukelele soprano azul (no había otro color)

Epic Fail

La primera acepción de “Epic Fail” en Urbandictionary dice: “cuando algo se puede considerar un fracaso absoluto”. Obviemos para nuestros propósitos la ironía de ese “cuando” al principio de la definición, porque lo que me interesa es demostrar que, según ella, “Epic Fail” es sinónimo de 23 de Noviembre. En otras palabras, 23 de Noviembre es “cuando algo se puede considerar un fracaso absoluto” y, efectivamente, ese algo es el propio 23 de Noviembre.

 

Empecemos por el principio y avancemos cronológicamente:

 

Me he levantado a las 08.30 para poner la lavadora. Me ducho mientras Pablo hace levantamiento de pesas con sus párpados (un espectáculo digno de ver, por cierto). El objetivo de todo esto es poner la lavadora a las 09.00 para tener todo listo a las 11.00 e irme a estudiar a la biblioteca.

 

Ponemos la lavadora a las 09.40 y bajamos a desayunar. Subimos al rato a poner la secadora. Miro el reloj de la lavandería y me tranquilizo porque son las 09.30 (Sí, Lucía, sí, el mundo ha retrocedido 10 minutos de pronto).

 

Bajamos y enciendo el ordenador. De pronto son las 10.30. Pablo confirma con total tranquilidad que el reloj de la lavandería estaba roto. Me empano porque estoy segura de que se me olvida algo.

 

10.33: pego un grito y me cago en mí misma cuando recuerdo que tenía que haber enviado unos deberes de alemán antes de las 10 de la mañana. Lo que hace de este fracaso un auténtico fracaso absoluto es que yo tenía los deberes hechos desde el día anterior pero había decidido no enviarlos hasta el lunes por la mañana, DIOS sabe por qué. Este fue el primer fracaso absoluto.

 

El segundo fracaso absoluto fue no llegar a ir a la biblioteca, porque tenía que esperar a que terminara la maldita secadora. La segunda acepción de “Epic Fail” según Urbandictionary es “la expresión más elevada del Fracaso. Alcanzar este nivel de fracaso solo implica una cosa: has de morir; de lo contrario el mundo entero fracasará debido a semejante nivel de fracaso”.

 

A las 13.00 tuve clase y al terminar, una chica canadiense que está estudiando español me invitó a ir con ella por la tarde a su clase de literatura española -ay, el gozo de ser hablante nativo y calar al profesor, que por cierto es español también. Quedo a las 18.00 con esta chica.

 

A las 15.20 estoy en la biblioteca número 1 (la de mi campus) para buscar un libro. Consigo un ordenador y descubro que el libro en cuestión solo está disponible en el campus contiguo (que está a 3 minutos). Me dirigo a la biblioteca que llamaremos número 2. Esta no la conozco todavía pero encuentro el libro con relativa facilidad. Me siento en una mesa y resumo todo el capítulo que tengo que leer, copiando citas relevantes en previsión del momento en el que las necesite para hacer una redacción. Me siento bien conmigo misma, estoy siendo productiva y aunque no sé qué hora es, creo que el tiempo me ha condudido bastante (no os hagáis ilusiones, que no).

 

A las 16.30 voy a la biblioteca número 3 (la grande, en la que hay cafeterías y las salas de estudio son comodísimas) y como se acercan los exámenes no encuentro sitio para sentarme. Este pequeño inconveniente lo podemos calificar de pequeño fracaso. Me siento entre todos los chinos en la cafetería y descubro, no sin el consiguiente pique conmigo misma, que me he dejado la cartera en casa (qué raro).

 

A las 17.20 se sientan dos blancos frente a mí y mantienen una conversación de lo más interesante. Como consecuencia, voy recorriendo línea tras línea con la mirada de mi pack de fotocopias consiguiendo no asimilar el más mínimo concepto. En mi defensa diré que el artículo en cuestión estaba repleto de términos económicos que escapan a mi comprensión gracias a nuestro fantástico sistema educativo en el que la sintaxis es más importante que la declaración de la renta. Bien. Me distraigo escuchando la conversación entre estos dos blancos, que son un joven aspirante a escritor y su amigo el creativo frustrado. De hecho, estoy tan metida en su conversación que me siento personalmente ofendida por el frustrado (gordo y calvo, cómo no) y su actitud: claramente estaba predispuesto a criticar lo que fuera para dejarle la moral por los suelos al pobre chavalín -que se lo ví en la cara mientras esperaba el solo sentado en la mesa.

 

17.45: la segunda consecuencia de escuchar su conversación es que se me pasa la hora y casi tengo que ir corriendo al “castillo” (el edificio antiguo de mi facultad) para reunirme con la chica esta.

 

17.59: llego cuatro minutos tarde. La canadiense no está. Espero que no haya entrado a clase.

 

18.05: sigue sin estar. Probablemente ella llegue tarde. Me siento y saco el artículo que estaba leyendo para entretenerme.

 

18.17: no queda nadie por los pasillos. O ha entrado a clase o no ha venido; en todo caso decido volverme a casa. Fracaso absoluto número 3.

 

La tercera acepción de “Epic Fail” en Urbandictionary dice: “un fallo de proporciones tan monumentales que necesita su propio nombre para señalar de manera satisfactoria la inconmesurable deficiencia de un individuo o de un grupo.” En este caso, yo no sabía decidir si el fracaso absoluto era solo mío o también de la chica.

 

Llego a casa a las 18.45 y me estoy muriendo de hambre. Ceno intentando darme prisa para ir a patinar, porque a las 21.00 tenemos que estar de vuelta para participar en la recogida de las papeleras de reciclaje de la residencia.

 

Abro google y leo un email de la chica diciéndome que no podía asistir a esa clase por una urgencia médica. Me había avisado con hora y media de antelación. Realmente es una lástima no tener inernet durante todo el día.

 

20.10: salimos de casa, patines en mano, y llegamos a las 20.15 a la plaza del ayuntamiento (según empezamos a patinar suenan las campanas). Decidimos patinar hasta las nueve menos veinte para llegar a tiempo.

 

21.03: llegamos a la residencia y nos encontramos con Ana, que se descojona al vernos llegar con los patines con la mano. Las encargadas del equipo de reciclaje se ponen en marcha y nos quedamos pasmados como dos tontos en el vestíbulo, sin que nos asignen tarea porque hemos llegado tarde y no saben que estamos apuntados para el reciclaje, y además no se nos permite dejar las mochilas y patines en recepción. Subimos corriendo a dejarlas en casa y cuando bajamos no hay nadie, ni siquiera en el sótano, que es donde suelen dejar a un encargado de los cubos. Nos rendimos y volvemos a casa sin hacer nuestras horas de trabajos para la comunidad. Fracaso absoluto número 4.

 

La cuarta acepción de “Epic Fail” lee así: “fracaso total y absoluto cuando el éxito debería haber sido razonablemente fácil de alcanzar”. Pues sí, porque habría bastado con no empeñarnos en ir a patinar en la media hora escasa que teníamos.

 

21.40: salgo de la ducha y reflexiono sobre las cosas positivas que han pasado (hemos hecho la colada, aunque tarde, y he conseguido resumir el capítulo del libro ese que he buscado en la biblioteca). Enciendo el ordenador y un icono de mi escritorio me llama la atención. Se titula “The Translation Studies Reader” y es, mira tú por dónde, un documento pdf que incluye el libro entero que he estado buscando en la biblioteca. Fracaso absoluto número 5. A mi entender, este es el peor de todos los fracasos absolutos, debido al agravante de que yo estaba convencidísima de que era un gran logro por mi parte, cuando en realidad no era más que una conspicua pérdida de tiempo.

 

La quinta acepción: “parecido al fracaso pero en una escala incluso mayor y más penosa. A veces tan penosa y patética que algunos empatizarán con la persona o no dirán nada, ya que el fracaso es tan grande que no hay palabras para describirlo.”

 

Así que apiadaos de mí por este lunes tan absolutamente patético.

 

Propongo, a raíz de todos los hechos aquí mencionados, que el día 23 de Noviembre sea de ahora en adelante conocido oficialmente como el Día Anual del Fracaso Absoluto. Una opción alternativa sería pasar a utilizar, como sinónimo de “fracaso absoluto”, la expresión “23-N”.

AFI (Gallows II, más bien)

Aviso: esto es la continuación del post anterior, y lo que cuento es cómo pasé el resto del concierto buscando el momento de hablar con los miembros de Gallows, así que a los que no seais fans de Gallows probablemente os aburra… lo siento! 🙂

No puedo salir de la esquina en la que me he metido, salvo que atraviese una masa sólida de fans de AFI. La única solución es cruzar por el bar. Este es el momento en el que me alegro de haber conseguido la pulserita naranja de mayor. Un grupo de chavales con polos de Fred Perry me mira desde la barra y asiento al establecer contacto visual, ya que todos estamos allí por Gallows.

Voy al puesto de merchandise a ver las camisetas, aprovechando que no hay fans de AFI en la costa. El tío de merch lleva una camisa de franela y las greñas casi hasta los codos xD. Le pregunto cuál es la talla más pequeña de las camisetas (Not the girl one) y me convence de que puedo encogerlas si las lavo. Me llevo la camiseta de Misery porque es demasiado genial.

Misery tee

Misery Fucking Loves Me

De pronto pasa alguien por mi derecha (Steph). Me sonríe y me dice:

Hey! You got the limited edition!

Entonces el greñas me da el cambio y se pone a hablar con Steph, así que me bajo y me apoyo en la columna guay (el mejor ángulo del Toronto Sound Academy para momentos así: veo el escenario a mi izquierda y una pantalla a la derecha, por si quiero ver el escenario de verdad y no entre las cabezas de la gente).

Me voy al ropero a pedir que me dejen la mochila un momento, para recuperar la cámara de fotos y pedirle una a Seph. La tía del ropero me dice que intente quedarme con la cámara para el resto de la noche para no dar por culo (sus palabras no son esas, pero es lo que piensa). Cuando vuelvo, Steph se ha ido. Me quedo por allí, en mi ángulo super genial. Hay dos fans de Gallows tonteando delante de mí. Al rato la tía se me acerca y me pregunta si tengo un chicle, porque le huele mazo a cebolla el aliento. Me descojono.

Viene Lags. Se queda hablando con el tío que vende las camisetas. No quiero pedirle una foto así como así interrumpiendo. La camiseta de Grey Britain me está mirando, pero no llevo otros 25 dólares encima. Lags me mira y se fija en mi camiseta (la de la edición limitada del CD de Grey Britain). Voy al ropero y pido que me den mi mochila y les digo que ya me la voy a quedar. De todas formas, quiero coger las gafas y ponerme la sudadera, porque empiezo a tener fresco después de haber estado sudando.

Gallows Tee 1

Compro la camiseta de Grey Britain. Lags me dice (señalando la camiseta que llevo puesta):

Oh, that’s the T-shirt from the limited edition of Grey Britain! Nice!

le digo que sí, y que es una camiseta preciosa, y le digo que en todo el concierto solo le veía a él.

Oh, well… at least you got to see the BEST member of the band

risas

Le pregunto que si llegó a formarse un circle pit y me dice que no lo sabe, porque estaba demasiado concentrado en su guitarra. Me lo creo.

Empieza el concierto de AFI y aunque estoy muy lejos la gente me sigue tapando, así que me dedico a verlo en la pantalla. La gente chilla pero no baila ni Peter (bueno, Lags se acerca a la esquina en la que estoy para asomarse de vez en cuando y da un par de saltos, pero creo que es el único). El espectáculo en sí es digno de ver, al menos durante un rato, porque los juegos de luces son brutales y todo es dorado y glamuroso, y el cantante posa en ángulos extraños a contraluz, lo cual le da un amaneramiento que hace que los emo se corran encima. También hace que me distraiga un poco de la música, que en general no me disgusta.

Llega Stu. Lags y Stu se pasan media hora en el puesto, hablando y dando paseitos por la zona, mirando la pantalla o el escenario, o comentando no sé qué con el greñas de las camisetas. Llega Lee, que se ha puesto una sudadera y una gorra. Pasa por mi lado y me mira pero en ese momento no le veo la cara y no sé quién es. Se sienta en el borde del puesto y espero a que venga el segurata a echarle, pero no la hace (lleva una hora echando a la gente, pero como este es del grupo se ve que se le permite, qué fuerte). Al final se levanta y entre canción y canción, aprovechando el silencio, me acerco a saludar y le pido una foto. Nos la hace Stu.

Lee from Gallows

Lee

Le digo a Stu que si puedo hacerme una con él, y nos la hace Lee. Stu dice

I’m gonna kneel down

y se arrodilla para la foto. Lee dice:

Hold on, I think I put my finger on here. I’ll take another one

IMG_7897

Stu Gallows

Stu - la buena

En el tiempo que pasa en esas fotos, Lags ha desaparecido, así que le pregunto a Lee que qué tal el concierto, y me responde no sé con qué palabras pero bastante evasivas. Yo digo que el público de Toronto no tiene precisamente fama de entusiasta (recordemos que un profesor mío definía la actitud de Toronto como: brazos cruzados, cara arrugada y asintiendo en plan “no está del todo mal”).

Yeah… it was one of THOSE shows…

(suspira)

Vuelvo a preguntar por la pirámide humana.

Ahm… I don’t know, I couldn’t really see from where I was on stage…

(Nadie sabe nada, jo)

Comentando lo aburrido que era el público, me dice…

And then the audience in AFI’s shows is nothing like ours, they’re these girls and women who… I don’t know

Me remito a twitter

Fat girls and old women, was it?

Oh, you saw that on twitter, then?

(se ríe)

Yeah, that was crazy. I never expected a reaction like that. Because I said it one day and the next day nobody seemed to care, and then a day later I checked my twitter and everyone was talking about it

(risas)

Digo:

Well, it was true. At least for this concert it is true

(risas)

But whatever, your show was great, which is what really matters.

Thanks

(sonríe)

Le digo que es la primera vez que les veo y me pregunta si no vine al del año pasado, así que le digo que soy de España.

Oh, really? Wow. Yeah, we tried to go to Spain last year but… we didn’t

(me encojo de hombros)

En ese momento empieza la canción y mientras me cuenta no sé qué del tour Europeo, no me entero más que de palabras sueltas. Dice no sé qué de coordinar y de que con un poco de suerte la próxima vez, y yo asiento pero en realidad no me entero.

Después me pregunta si vivo aquí y le digo que soy estudiante de intercambio y estoy aquí por un año nada más. Me pide que lo repita porque no me oye y casi le tengo que gritar en el oído.

Llegados a este momento, decidimos que es imposible mantener una conversación y nos despedimos con un

Well, nice to meet you

Vuelvo a mi columna preguntándome dónde leches está Lags y por qué ha huido, pero vuelve al rato duchado y con un par de cervezas en la mano.

Cuando AFI tocan Miss Murder la gente se vuelve histérica y la masa se mueve. Me subo al puesto para ver si hay mosh pit, pero lo único que hay es un montón de brazos en el aire haciendo los cuernos. Qué visión tan deprimente. Me vuelvo a mi columna.

Por fin se acaba el concierto y voy corriendo al baño antes de que se llene de tías borrachas de AFI. Cuando vuelvo, empieza a formarse cola para comprar camisetas (en el puesto de Gallows también, y me complace decir que algunos fans de AFI compraron el disco de Gallows). Está por allí Steph otra vez. Veo que hay algunos que se acercan por el lateral y le piden una foto o le saludan, así que me acerco sigilosamente y cuando estoy junto a él le llamo y me sonríe (esta gente siempre sonríe, me encantan)

Le pido una foto y extiendo el brazo para hacerla, pero en ese momento sube Lee corriendo y se ofrece a hacerla él. Yo ya había disparado pero aun así coge la cámara.

That actually came out pretty good

Steph

Nueva foto. Awwww Steph.

steph gallows

steph - la buena

Le doy las gracias, le digo que me ha hecho mucha ilusión verles y se queda hablando con Lee. En cuanto Lags se gira hacia nosotros, le pido una foto. Esta vez sí que la tengo que hacer yo, porque Steph y Lee se han bajado del puesto.

Lags Gallows

Lagsftw

Decido esperar un rato a ver si viene Frank, pero me doy cuenta en ese momento de que si quiero coger el autobús tengo que seguir a la gente, porque no sé dónde está la parada. Se me ocurre que igual es tarde y ya no hay autobuses (la sala está en la nada y no hay búhos que lleguen hasta allí). Decido sacar dinero por si acaso, ya que me he gastado el dinero del taxi en una camiseta. Haciendo cola para el cajero, le pregunto a la señora de detrás por la hora. Me dice que son las once menos diez.

Qué?

Pues sí, las once menos diez, porque además de ser Canadá esto, era un concierto para todos los públicos y eso por lo visto significa terminar antes que la Cenicienta.

Me niego a pagarme un taxi siendo tan pronto. La sala se está quedando vacía y solo quedan algunas personas haciendo cola. Pierdo la esperanza de que venga Frank y me marcho. Camino muy deprisa hacia la parada donde me dejó el autobús, y compruebo que hay 15 personas esperando en una parada que hay en la otra acera, así que me uno a ellos y consigo llegar a casa a las 12 (pero no critiquemos al transporte público de Toronto, que después de ver el de Detroit, todo es magnífico).